Mañana, tarde, noche. El orden natural de la vida, del día, de lo "normal".
Yo llevo un ritmo de vida contrario, no sé lo que es el día y la noche y todo se junta.
Trabajar de noche tiene su encanto, su tranquilidad, el ritmo contrario al resto del mundo.
Lo curioso: salir del curro, coger el transporte público y observar las caras de sueño de la gente dormida en el metro o en el bus camino se sus trabajos.
Madrid despierta muy pronto. El ritmo es ágil a las 7 de la mañana, coches, gente, movimiento... Un mundo autista en el que cada uno va a su bola, auriculares en las orejas, ojos entreabiertos y bocas pidiendo un bostezo matutino para desperezarse al inicio de la jornada laboral.
Yo voy al revés. El sueño tarda en llegar a mí un ratillo más. Auriculares en las orejas sí, pero en ellos algo tranquilo para amenizar el viaje de retorno a mi cama. Observo al personal y pienso... ¡Qué bien voy a estar en la cama mientras vosotros producís! Lo mismo pueden pensar de mi cuando ellos van a la cama y yo a la mina pero soy un hombre de noche como dice la canción "vivo más de noche que de día" y me gusta.
Me gusta Madrid, lo que no soporto es el calor pero el otoño se acerca. Llega el frío y eso me gusta. Siempre voy al revés.
Quizá en un año no diga lo mismo pero, de momento, voy bien a la inversa. No me pone nervioso ir a contracorriente, no me altera la forma de vida... aunque sí que hay algo que me pone nervioso pero es inevitable. ¿Qué será?
Ya lo sabes.
2 comentarios:
Un abrazo Iñigo
Mejor una temporada contracorriente, que como un borreguito...
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