jueves, 13 de mayo de 2010

memoria

El cerebro en general y la memoria en particular son unos hijos de puta. Se supone que ambos  trabajan juntos, una es parte del otro o el otro parte de la una. Se supone que son parte de nuestro motor racional y que deben funcionar bien aunque muchas veces sus conexiones no funcionen correctamente.
 La memoria es muy cabrona y juega muy malas pasadas: Muchas veces la cachonda de ella va por libre y no hace ni puñetero caso a los deseos de uno. Puedes utilizar el cerebro para hacer determinadas cosas, quieres que tu memoria le acompañe pero a ella le da todo igual y no te responde. Desde pequeño tenemos que ayudarle y trabajarla estudiando como cabrones para sacar adelante todas y cada una de las asignaturas de los diferentes cursos. Mira que cuesta trabajo aprenderse la geografía o las valencias químicas o las fechas históricas... horas y horas forzando la máquina de la memoria para que a la hora de rellenar el examen seamos capaces de escribir lo que nos piden. Si hay suerte lo conseguimos pero al poco tiempo, doña memoria pasa de tanto dato y se nos olvida. ¿Quién se acuerda de la tabla periódica o del significado de todas y cada una de las señales de tráfico? Por no hablar de la cabronada que hace la parejita de marras cuando te hacen perder la cabeza, no saber quién eres, no acordarte de nada, no conocer a nadie... "perder la cabeza" en esa enfermedad que se llama Alzheimer.
Y digo yo: ¿Por qué cuando quiero olvidar, la HP de mi memoria no me deja? 
Cuando hay algo que uno quiere olvidar: una mala experiencia, una mala persona, un acto... algo de lo que quieres deshacerte, no hay manera de conseguirlo. No sé de quién es la culpa si del cerebro, de la memoria o del corazón que debe pintar algo en todo esto por ser el jefe de la banda, pero, aunque quieras, aunque seas capaz de utilizar la razón para pensar en que tienes algo que olvidar, aunque seas consciente de que olvidar algo o alguien te va a permitir estar mejor, la simpática de la memoria no quiere deshacerse de esos recuerdos.
Igual que te enseñan a recordar, deberían enseñarnos a olvidar. Es lo que digo, que el cerebro en general y la memoria en particular son unos hijos de puta.

1 comentario:

Samantha Luces... dijo...

Notable!.
Las hijas de putas, por más que se los pedí, no me permitieron olvidar al desgraciado de fernando. Y pa más remate, las muy mariconas, se empeñaron en recordarmelo cada maldito segundo del día por casi dos años...