No sé por qué pero es un día raro, más que nada porque estoy escribiendo estas lineas con un gin tonic del Monterrey en la mano. Ayer hice cura de sueño al irme pronto a casa y hoy, a pesar del cansancio acumulado, estaba más o menos estable. La mañana ha sido un tanto sosa, quizás relajada y unos programas sin mucho que destacar. A lo sumo la entrevista en directo con Miguel Ángel Perera, el diestro que ha triunfado en sus tres tardes en el coso logroñés de La Ribera; plaza a la que fui por la tarde para vivir la cuarta de feria,una corrida en la que me aburrí un poco y empecé a observar el comportamiento humano, como en esas ocasiones en las que mis paranoias me hacen observar, pensar, analizar... los gestos y movimientos de la gente normal y corriente. Es un ejercicio recomendable porque uno se da cuenta de lo variopinto y complejo del
ser humano a pesar de que el que escribe es uno de los más complejos que conozco.
ser humano a pesar de que el que escribe es uno de los más complejos que conozco.Tras la corrida, manito a Carmen a editar y ruta turística con Gonzalo y Álvaro. Primero los fuegos donde me dio otra vez por observar a la gente mirar al cielo con la boca abierta cual papamoscas y espetar ciertos sonidos incomprensibles en muchas ocasiones.
Los fuegos lo de siempre, mucho ruido y colorines en el aire. Después concierto en la plaza del ayuntamiento. Lo destacable es el título de una canción que cantó el grupo cuyo nombre no recuerdo pero sí que me marcó el título de una de sus canciones: "Los muertos no tienen vitalidad". Una canción que, en lo poco que entendí, hablaba del final de la vida y el oscuro túnel al que uno se dirige. Curioso.
Tras el concierto, una par de gintonics de 10 que me han hecho ponerme a escribir a estas horas. La compañía es buena a pesar de no ser tanto como quizás desease pero el momento tiene su punto.
Desconozco en este momento si tengo vitalidad, pero algo tengo claro: de momento no estoy muerto.
Foto de Juan Marín extraida de larioja.com
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