viernes, 26 de septiembre de 2008

De fiestas y currando (y VI). Caida libre

Todo tiene su opuesto. Si la noche de ayer fue curiosa, la del sexto día de fiestas no es que la vaya a recordar en exceso. Ha sido un día un tanto soso, ayer debí llegar a la cumbre y hoy he iniciado la caída. Me preocupaba un poco el cachondeo y la risa floja de ayer ya que no era normal tanto cachondeo y el que la gente me preguntase qué había fumado. Prometo que no he tomado sustancia estupefaciente alguna (salvo ginebra) y que en muchas ocasiones mi risa estúpida venía motivada por recuerdos de momentos más chorras aún. Como bien me temía eso tenía un final e iba a ser un final complejo. Hoy el día ha sido soso, triste en comparación al anterior. Me aburren ya tantas fiestas y la corrida de toros que me causaba cierta expectación se ha quedado en nada.
Para rematar el día tocaba el último jueves social con esta hornada de becarios pero mi mente me impedía estar a gusto. Tengo miedo a la reaparición de fantasmas del pasado, a ver que las palabras se quedan en eso, palabras, y que los hechos no se producen. Miedo a repetir experiencias pasadas y que los deseos de que mi compleja transparencia aflore en determinados sujetos no llegue a producirse. Son ilusiones, temores, pájaros sobrevolando mi mente que de nuevo se hunde en su compleja rutina. Han sido tres meses desaprovechados, fugaces y naturalmente, en dos días no se puede recuperar el tiempo perdido, ¿o sí?. Me temo que no. Queda viernes y sábado. Días de trabajo similar y sin planificación en lo que al "ocio" se refiere. Lo que me apetece resulta ser imposible y lo imposible es lo que me apetece. Me apetece tanto que tengo la sensación de que la obviedad e insistencia han estropeado la posibilidad. Ojalá lo imposible fuese posible pero me temo que es tarde. He iniciado el descenso y el deseo se quedó arriba. Me jode haber desaprovechado la oportunidad.

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