miércoles, 2 de septiembre de 2009

Una piedra en el camino

Érase una vez, en un reino cercano, un rey un poco cabrón y malo que, para putear a su pueblo, no se le ocurrió otra idea que poner en medio del camino de entrada a la ciudad una gran piedra que obstaculizaba el paso de carruajes y personal que a la feria acudía a diario. La totalidad de campesinos que cruzaban el camino se topaban con la piedra de frente y se cagaban en los muertos del ideólogo de tal hazaña. Como no podían pasar, tenían que rodear por otro camino para poder llegar a la ciudad. El rey, que era un poco perro, se descojonaba de la plebe cuando tenía que rodear la piedra y marchar por otro camino.. y el muy cabrón gozaba al ver cómo puteaba a su gente. Pasaban los días y ahí seguía la piedra, en medio del camino. Los campesinos continuaban maldiciendo a todos los santos y al patrón de las piedras por haber dejado una en medio de su senda. El rey, mientras tanto, despollao de ver cómo la gente lo seguía pasando mal. De repente, venía por el camino un pobre campesino, haraposo él, con un carruaje un poco chungo y un par de pollinos que daban lástima. Cuando llega a la piedra, en lugar de maldecir al prójimo y acordarse de los santos patronos, decide intentar retirar la piedra. Descarga las zanahorias que llevaba en su carreta y con ayuda de sus pollinos y mucho esfuerzo consigue apartar la piedra del camino. Cuando iba a darse la paliza para cargar las zanahorias de nuevo en el carromato se da cuenta de que debajo de la piedra había un zurrón. Lo abre y encuentra una misiva del mismísimo rey en la que dice que todo el oro que contiene el zurrón es para la persona que retire la roca. El campesino recoge las zanahorias y el zurrón y marcha al mercado a vender su mercancía. A la vez, el campesino haraposo aprendió algo que sus compañeros mejor posicionados nunca supieron, que cada obstáculo representa la oportunidad para mejorar la situación de cada uno.

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