jueves, 10 de enero de 2008

Goyo

Así conocía todo el pueblo a Gregorio García Antonio, el alcalde más longevo de nuestro país que ayer, a los 92 años murió en acto de servicio cuando ponían la primera piedra de una residencia de ancianos que se llamará como el señor alcalde.
Sinlabajos es un pueblo abulense de 174 habitantes y en el que Goyo gobernaba desde 1979. 29 años como alcalde de un pueblo pequeño y del que imagino que Goyo no sacaba beneficio alguno, como en la mayoría de pueblos pequeños en los que la política si que es un bien común y un buen hacer por el beneficio del pueblo. Gregorio, a pesar de su edad, consiguió que su pueblo contase con servicios, infraestructuras y otros bienes que en pueblos de ese tamaño es difícil conseguir. Goyo murió tras colocar la primera piedra de la futura residencia de ancianos del pueblo, una residencia en la que, quizás, terminara él cuando sus fuerzas no le permitiesen continuar como alcalde. Goyo dejó su pueblo con las botas puestas y trabajando por el beneficio de los suyos.
La verdad que no conocía yo la existencia de este señor, pero desde aquí mi admiración por personas como él que en los pueblos pequeños se dedican a la política. En una ciudad, comunidad, parlamento etc. es relativamente sencillo trabajar de político, puesto que tu trabajo es ese, el de político. En los pequeños municipios tienes tu curro y además tienes que perder tiempo y, en ocasiones, hasta tu propio dinero por hacer algo por el bien de los demás y encima, estás sometido a las críticas, reproches y otras lindeces de los propios vecinos que lo quieren todo a cambio de nada.
Por eso mismo admiro a Goyo, un anciano que a sus 92 añazos estaba al pie del cañón en Sinlabajos en lugar de disfrutar de las vacaciones y la vida de pensionista de la gente de su edad. Un político de los de pueblo que fue recibido por ZP en la moncloa y que figuraba como número 3 en las listas a las elecciones del 9M. Un hombre que fue agricultor, barrenero y herrero y que estuvo metido en todos los movimientos sindicales y políticos de su tierra y que dejó su pueblo el día que se iniciaba uno de sus sueños, la residencia de ancianos del pueblo; una residencia en la que muchos de sus convecinos hubieran podido disfrutar de las memorias que él mismo estaba escribiendo y que se han quedado ahí, en el día que Goyo murió poniendo la primera piedra del edificio que llevaría su nombre.

2 comentarios:

J.L. García Íñiguez dijo...

Más políticos currelas como Goyo y menos bronceado artificial.

Anónimo dijo...

Un político como hay muy poquitos, mu´rió al servicio de sus convecinos...Hacen falta más como Goyo