jueves, 3 de enero de 2008

¿Sabemos ser amigos? (Publicado 01-10-06)

Hace unos años leí un artículo muy interesante en un periódico. Lo guardé y lo transcribo en este instante: Pocas cosas son realmente amistosas para el hombre sin otro hombre amigo, porque ningún bien se disfruta plenamente si no es en compañía. Las personas sabemos que la alegría compartida es doble alegría y que el dolor compartido es medio dolor. Sabemos también que es bueno ser amigo de los hijos, de los padres, de los hermanos, de los compañeros de trabajo, de los vecinos, de...todo el mundo. Pero la experiencia nos enseña que ni ser amigos, ni menos aún, ser buenos amigos es tarea fácil. Ahora bien, ¿en qué consiste ser amigo? ¿Es lo mismo ser amigos que ser conocidos? ¿Basta con desear tener amigos o hay que hacer algo para conseguirlos y mantenerlos? y, ¿valen la pena el esfuerzo y el riesgo que conlleva el tener amigos? He aquí un esquema de cómo se construye y mantiene una amistad. Caerse bien: En el camino de la vida vamos encontrándonos con personas de muy diversos talantes y entre ellas, de vez en cuando, hay algunas que nos caen bien. Este "caerse bien" es necesario para poder ser amigos y se fundamenta, muchas veces, en que los dos tenemos cosas en común(manera de ser, convicciones, sentimientos, gustos y aficiones, ideas políticas...) Siempre ha ocurrido en las relaciones humanas que lo semejante suele atraer a lo semejante. Cuando alguien nos cae bien estamos a gusto con él y nos es grato conversar con él de los asuntos más diversos, hacer actividades en común y compartir sentimientos, saberes o posesiones. Cada uno se alegra y goza con la existencia del otro aunque tenga sus defectos. El amigo perfecto no existe, porque no existen el hombre ni la mujer perfectos. Algo en común: Pero no basta con caerse bien para que una amistad prospere, es necesario algo más. Lo primero, tener un mínimo de oportunidades para tratarse, conocerse y poder desarrollar un afecto mutuo. Debe existir algo en común mas o menos estable que facilite encontrarse con cierta frecuencia. Ya dice el refrán que aficiones y caminos hacen amigos. El compañerismo propio de cualquier colectivo inmerso en una tarea común (como puede ser el trabajo), suele ser un campo propicio para que surjan las amistades aunque es obvio que el compañerismo y la amistas no son lo mismo. La amistad es un tipo de amor, un apreciarse, que promueve un dar; un darse, y para ello es necesario poder encontrarse y conversar personalmente con cierta frecuencia. Para conocerse, tratarse. Para conocer a las personas basta con conocerse a uno mismo, pero para conocer bien a cada persona precisa conversar con ella. Conocer al amigo es saber de su vida (de su historia pasada, de sus quehaceres actuales y de sus planes de futuro; y del sentido que da a su vida, de sus convicciones, y de sus gustos y aficiones; y de sus virtudes y sus defectos; y de sus circustancias: salud, familia, trabajo). Es saber de su vida y es... comprenderle. Para comprender al amigo y hacerse cargo de su realidad personal hay que ser capaz de introducirse en su piel accediendo a su interior con sumo respeto. Y para lograrlo hay que conversar, hay que comunicarse e intercambiar partes de la propia vida con el otro. Pero conversar no siempre es suficiente para conocerse bien, intimar y llegar a amistarse. La mayoría de las conversaciones se agotan en lo externo, no alcanzan el fondo-la intimidad- y mientras no se encuentran las intimidades no prospera la amistad Para intimar y poder llegar a ser un verdadero amigo es necesario, por un lado, conocerse bien a uno mismo-para poder darse a conocer- y, por otro, hablar de forma tal que, al menos de vez en cuando, las conversaciones conlleven confidencias. Ser amigo es ser buen confidente. Un afecto mutuo. De la convivencia, del trato sincero, surge el conocimiento mutuo, y del conocimiento mutuo puede surgir la indiferencia, el rechazo o un afecto mutuo, un estimarse el uno al otro, un apreciarse recíprocamente. Solamente así, apoyada en el conocimiento mutuo y en el afecto sincero, la amistad verdadera puede continuar edificándose sobre terreno sólido. Sólo mediante un trato habitual se puede lograr un conocimiento mutuo y si no hay reciprocidad, no hay amistad. Al igual que dos no riñen si uno no quiere con la amistad ocurre que si uno no quiere, dos no son amigos. Uno podrá estimar, valorar al otro y hasta amar al otro, pero si el otro no le corresponde, no serán buenos amigos. Ya lo explicó el bueno de Séneca que dijo: "Quien es amigo ama, pero quien ama no es por fuerza amigo". Ayudarse desinteresadamente: Ahora bien, para llegar a ser verdaderamente amigo no basta con conocerse y tenerse un afecto mutuo. Hay que dar un paso más. El más difícil y, a la vez, el más importante: hay que desear y procurar ayudarse desinteresadamente. Sin esperar correspondencia. Los amigos se dan de su tiempo, de sus conocimientos, de su dinero, de sus posesiones. Y lo hacen sencillamente, porque son amigos. Y saben que dar no es intercambiar, que cuando se da, se da, sin esperar nada a cambio. El amor de amistad es, principalmente, tendencia centrífuga, servicio al otro, al amigo, porque él es él (y porque yo soy yo) La verdadera amistad desea y se alegra con el bien del amigo y procura, con diligencia, con eficacia, el bien y la felicidad del amigo. Toda verdadera amistad requiere un mutuo y frecuente ayudarse desinteresadamente, requiere obras de servicio desinteresado. Obras son amores.... Hay amigos y amigos... Por todo lo dicho es evidente que no es amigo-amigo, amigo- el mero conocido, ni el mero compañero de trabajo aunque con frecuencia se llamen amigos entre sí. La amistad no es comercio de beneficios y no es amigo el que da para que le den. Y, menos aún el que busca aprovechare de sus relaciones con los "amigos". Cuando en las relaciones de amistad actuamos por interés, prostituimos la amistad y nos metemos en líos.No conviene olvidar que la amistad es una cosa y los negocios son otra. La generosidad-el dar y el darse, el estar a disposición del amigo siempre que lo necesite- es esencial en la amistad: Amigo que no da y cuchillo que no corta, si se pierden poco importa.

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